domingo, 15 de mayo de 2011

Ostras


Foto: Getty Images.
  • esta foto es de mi amigo manu.
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De ostras por París
Los franceses son los reyes de las ostras callejeras
Un paseo por París es siempre aconsejable; si en ese paseo, además, incluimos alguna pausa gastronómica, la experiencia puede convertirse en algo inolvidable... aunque no se trate de disfrutar de la gran sabiduría sobre moluscos de los franceses, cuya cocina, dígase lo que se diga, sigue siendo la mejor del mundo, sino de su despensa.
Porque si hay algo que, a priori, parece la antítesis de la cocina es engullirse un par de docenitas de ostras tal cual, sin más tratamientos.

Los franceses son los reyes de las ostras. Usted se pasea por alguno de los maravillosos mercados callejeros de París y, al llegar a un puesto de ostras, se encandila, a poco que le gusten a usted estos bivalvos. Allí están, perfectamente clasificadas y diferenciadas, diez, doce, catorce tipos distintos de ostras.

Que, desde luego, se puede usted llevar a casa. Pero lo suyo es proceder al aperitivo in situ. Usted selecciona sus ostras favoritas, pongamos que unas "fines de claires", pide y paga su docenita y le dice al ciudadano que atiende el puesto que se las vaya abriendo.

Va usted sorbiendo sus ostras -las ostras se sorben- al ritmo al que se las abren, se bebe usted media botella de champaña, y sale del mercado nuevo, optimista, feliz. Ah: y sin gastarse demasiado dinero, que las ostras, hoy, ya no son un lujo inasequible.

Ostras... Apreciadas por el hombre desde que el hombre es hombre, vistos los yacimientos de cáscaras de ostras del paleolítico que aparecen por ahí. Normal.

Aprendiendo a comer ostras crudas

La ostra es una cosa fácil de comer, porque como mejor está es sin hacerle nada. Ya, ya sé que hay montones de recetas para cocinar ostras, y que hasta hay a quien le gustan las ostras Rockefeller -ostras con espinacas, qué crimen-, pero el amante de las ostras no admite ninguna desviación.

Ostras planas -Ostrea edulis-, ostras cóncavas -Crasostrea gigas-, pero ostras al fin y al cabo. Vivitas y no diremos que coleando, porque las ostras no tienen cola. Se van abriendo -si no se tiene práctica y se quiere seguir teniendo diez dedos en las manos lo mejor es que se las abra un propio experimentado- y colocando sobre un lecho de hielo picado.

Junto a ellas, unos cuartos de limón: digan lo que digan los ultraortodoxos, el limón potencia el sabor yodado de la ostra, siempre que se trate de un par de gotas por ejemplar, no más.

Los franceses les suministrarán, además, pan de centeno, mantequilla y, quizás, pimienta. Una rebanada de pan negro untada con buena mantequilla cada tres ostras va bien, la verdad; la pimienta, en cambio, mejor dejarla.

Vino blanco, naturalmente. Un riesling será perfecto, como lo será, si están en España, un albariño; pero nada como un buen champaña, muy "brut" y muy frío, y a poder ser un "blanc de blancs", es decir, un champaña elaborado solamente con uvas blancas, que serán de la variedad chardonnay. No es que el champaña haya sido inventado para acompañar las ostras, pero... qué bien les va.

¿La medida? Ya queda dicho: la docenita. Como poco, la media docena. Es curioso, pero el hombre, que tiene diez dedos en las manos y tiende a contar por el sistema decimal, estas cosas las cuenta por docenas. Una docena es una buena medida; hubo romanos -y franceses- que presumían de desayunarse con una gruesa -que en este caso no es una señora gorda, sino doce docenas- de ostras. Muchas son.

Pero una cosa les diré: por muy bien que se las pongan en un restaurante, incluso en bandeja de plata... si van a París no dejen de disfrutar de su docena de ostras en la calle, en el mercadillo al aire libre. Saben de otra manera, saben casi a transgresión. Y todos sabemos lo que nos gustan las transgresiones. Así que... ostras, pero callejeras.

http://blog.pescaderiascorunesas.es/blog/galway-el-festival-de-la-ostra/

Galway, el festival de la ostra

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Durante estos días, en este bonito pueblo pesquero situado en la costa occidental de Irlanda, se consumen más de 10.000 ostras entre los visitantes, acompañadas preferiblemente por vino blanco o esa bebida oscura tan típicamente irlandesa y mundialmente conocida, la cerveza negra Guinness, patrocinadora además del evento.
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Pero no es sólo la importancia del Festival lo que nos ha llevado a nosotros a hablaros del mismo, sino la participación este año de Miguel Garrido en el World Oyster Opening Championship (Campeonato Mundial de Abridores de Ostras) que se celebra dentro del Festival. Miguel,  en nombre del Grupo Pescaderías Coruñesas, ha representado a España en este campeonato. Lleva muchísimos años trabajando con nosotros como marisquero en nuestro restaurante O’pazo, y este año ha ido al campeonato tras proclamarse vencedor en la prueba nacional que se celebró durante el Salón Internacional del Club de Gourmets.
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Antes de la celebración del campeonato los participantes acudieron a un antiguo barco situado en el muelle de Nimmo, donde realizaron la apertura de ostras y compartieron protagonismo con las participantes en el concurso de belleza Oyster Pearl Competition.
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Desde aquí salieron acompañados por la banda de música local y cruzaron las calles del pueblo portando la bandera de su país, hasta llegar al lugar donde se iba a celebrar el campeonato. Dentro de este recinto los participantes se dividieron en grupos y se prepararon para comenzar el concurso.
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Como en todo concurso de ostras se premia la velocidad de apertura, pero también se tiene en cuenta la presentación final de las mismas en la bandeja así como que la apertura haya sido limpia para que la ostra no quede mal cortada ni dañada por la apertura. El tiempo total de cada participante es el tiempo de apertura de las 30 ostras, al que se le añade el tiempo de penalización por las ostras no abiertas correctamente, y al que se le quita o bonifica tiempo por la buena presentación de las ostras abiertas (bonus).
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El vencedor de la edición de este año fue el representante de Bélgica, Xabier Caille, con un tiempo total de 2’33 m. En segundo lugar quedó el representante de Estados Unidos William “Chopper” Young con un tiempo total de 2’34 m., y en tercera posición el representante local, el irlandés Michael Moran, con un tiempo de 2’54 m. Miguel por su parte finalizó en novena posición con un tiempo total de 3’11 m.
El ganador en la categoría de Mejor Presentación fue el representante de Suecia Nicklas Wiklund, quien recibió una bonificación de 28 segundos por la misma, lo que le hizo quedar finalmente en la séptima posición. Si quieres ver el resultado de todos los participantes, puedes pinchar este enlace a la página oficial donde sale la tabla de tiempos.
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El de Miguel es un magnífico resultado, sobre todo teniendo en cuenta que ha sido su primera participación a nivel internacional, por lo que brindamos con él. Es un campeonato de mucha tradición, que lleva celebrándose desde hace muchos años y donde gran parte de los participantes han estado presentes en ediciones anteriores. Aunque el campeonato de apertura de ostras tiene mucha tradición e importancia internacionalmente, en España ha sido muy importante la aportación del Grupo Gourmets para promocionarlo, al encargarse de hacer la final nacional para elegir al representante español que irá al campeonato en Galway.
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El campeonato lleva celebrándose desde 1968, y la mayoría de los ganadores han sido irlandeses, ingleses y franceses. El mejor tiempo de todas las ediciones se consiguió en el año 1.977, donde el irlandés William Moran empleó poco más de un minuto y medio para abrir las 30 ostras. Pincha el siguiente enlace si quieres ver los ganadores de las ediciones anteriores.
Os adjuntamos más fotos del fin de semana en Galway. Agradecemos las fotografías al Grupo Gourmets y a Sacha Ormaechea.
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Recetas de Cocina

¿Alguien sabe algún truco para abrir las ostras fácilmente?.

Las he comprado y no consigo abrirlas, casi me dejo los manos, obviamente no tengo las herramientas adecuadas a ver si sabéis algún truco bueno. Yo he intentado uno que es meterlas un rato en el congelador, parece que así se dilatan ... pero las he pasado canutas hasta abrirlas.

Gracias !!

Respuestas a esta discusión

Con la siguiente explicación contenida en mi libro 200 Recetas sencillas y sus tablas, espero ayudarte en tu pregunta. Procuraremos que las ostras sean frescas y que el animal esté vivo, de lo contrario su consumo puede ser peligroso para la salud, desecharemos cualquier ostra de dudosa calidad. Para abrir las ostras necesitaremos de un cuchillo especial curvado para hacer palanca, procurando no inclinar la ostra para no verter su caldillo interno y colocarlas en una superficie que impida su inclinación como por ejemplo una buena base de hielo pilé. Una vez abiertas las rociaremos con un poco de zumo de limón, comprobando como con el ácido del zumo, el marisco se mueve y verificando su calidad, si la ostra está arrugada o huele mal es mejor desecharla. Como puedes leer, la técnica consiste en hacer palanca con el cuchillo apropiado, lo puedes encontrar en cualquier sitio, donde vendan cuchillos de cocina, no merece la pena meterlas en el congelador, pues si la ostra es buena, vas a perder mucha calidad, matando la ostra, en cuanto esté unos instantes a tan baja temperatura. Con un cuchillo pequeño o una puntilla te puedes arreglar de momento, hacíendolo de la siguiente forma: Introduce el cuchillo con cuidado con tu mano derecha, en la parte de atrás de la ostra, aquí en esta parte, y con la ostra en esta posición,
con la mano izquierda sujeta la ostra con un paño, por si con la fuerza que tienes que emplear, no vayas a clavarte el cuchillo; una vez dentro el cuchillo, no hace falta que llegues al final tan solo con la puntita es suficiente, haz palanca para desprender la concha de arriba, girando el cuchillo suavemente, luego y una vez abierta, ya sabes cuidado con la inclinación para no perder su jugo. esto requiere una cierta habilidad y al principio se descascarillarán bastante las conchas y encontrarás muchos cachitos dentro de la ostra, procura quitarlos con cuidado, para no perder mucho de su jugo, si te resulta difícil, añadele un ligero toque de agua, sal limón para con el dedo arrastrar esas impurezas, pero siempre con la ostra en horizontal. Perdona mi extensión, pero es que para mi la ostra es un manjar y es de las pocas cosas que podemos comer mejor, estando el animal vivo.
CON ESTE TIPO DE UTENSILIOS ABRIMOS LAS OSTRAS EN LA COCINA PROFESIONAL, SI TE FIJAS, LA SUJECCION ES PERFECTA Y DE LO QUE SE TRATA PRINCIPALMENTE ES DE HACER BIEN PALANCA.
METODO TRADICIONAL OSTRAS PLANAS Primera posibilidad, con un cuchillo especifico y un trapo o un guante para protegerte la mano que sostiene la ostra. Introduce la hoja en el pie o "culo" y haz palanca tal y como lo indica luis Higuera dando a tu mano un movimiento de "llave". Cuando hayas entrado, corta el musculo que une las dos conchas. Pasalas por agua fria limpia para quitarle los trozitos de cascara que queden, y aprovecha (no estoy deacuerdo con luis cuando dice que tienes que guardarles el agua). SIEMPRE SE TIENE QUE TIRAR LA PRIMERA AGUA DE UNA OSTRA !!! ya que la ostra volvera a hacer una segunda, mucho mas rica, y que este fenomeno te dara la certeza que la ostra estaba viva cuando la abriste (ya vi cientas que llevavan agua pero que estaban muertas). Si le viertes limon o vinagre, fijate que los labios se retracten ligeramente en este momento. OSTRAS ONDAS misma cosa que para la plana, pero se entra la hoja por el canto ligeramente concavo de la union de las conchas inferiores y superiores. OTROS METODOS Metodo ingles (foto N°3) Metodo bestia : coge pinzas de bricolage y rompe la parte de delante (la mas fina), pasa un cuchillo de cocina fino en el agujero y corta el musculo, levanta la concha de arriba (la mas plana) y arrancala. Metodo sin esfuerzo : pon tus ostras en una bandeja sobre sal gorda (parte onda hacia abajo). Mete la bandeja un minuto en el horno caliente a 80°, cuando empiezen a abrirse, quitalas del horno y corta el musculo con un cuchillo de cocina (tambien se puede hacer con micro ondas (dejandolas menos tiempo) pero este metodo las cueze un poco).

ANCAS DE RANA

 

Lorenzo de Medicis nació en Florencia en 1449. Gran mecenas de las artes, habil político y poeta, convirtió a la ciudad de Florencia en una potencia de Italia. Nieto de Cosme el Viejo, padre del futuro papa León X, tío de Clemente VII, protector de Boticelli y Miguel Angel, es sin duda, el protagonista del Renacimiento de Florencia, y más tarde del Renacimiento de Europa. Su influencia llenó toda la historia civil  e intelectual de Italia a finales del siglo XV. En sus poemas, Lorenzo se expresa como un hombre de su tiempo. Admirador de Dante y de los antiguos poetas toscanos, consiguió dar a su poesía un realismo y un idealismo sutil pasando del soneto de su Amores de Venus,a la grandiosidad de su Salve a Nancia,o el humor carnavalesco de su Beoni.. Es en esta última obra donde menciona las suculentas ancas de rana.

 

 

En el Renacimiento, las ancas de rana eran un plato muy apreciado y popular, hoy son más bien caras. Entre las variedades más habituales en Europa, las mejores son  las de tamaño medio y pintas verdes. Lo que importa en una rana, más que el sabor que es escaso, es su textura ya que absorbe muy bien los sabores del aderezo. La forma básica de saborearlas es fritas y rebozadas

Ingredientes para 2 personas:

 Las ancas de  rana son la parte más suculenta de esta presa.
 4 ancas de rana, peladas y lavadas, listas para la cocción
Aceite de oliva
1 cebolla
Perejil
El zumo de ½ limón,
2 huevos,
4 cucharadas de harina
Pan rallado
Queso parmesano rallado
Sal y pimienta recién molida  
Preparación: 
Picar finamente la cebolla y el perejil, saltearlos en aceite. Agregar las ancas de rana con unas gotas de limón. Mezclar bien,  salpimentar y cocinarlas hasta que se doren ligeramente. Sacar las ranas,  enharinarlas y pasarlas por el huevo batido y luego por el pan rallado mezclado con queso parmesano. Calentar bastante aceite de oliva en un sartén a fuego vivo. Freír las ancas y servir inmediatamente. Se acompañan con rodajas de limón.

ANCAS 

RECETAS DE  ANCAS DE RANA DE NOSELEPUEDELLAMARCOCINA

p1080351Las ancas de rana tienen una textura muy delicada.
La carne, de sabor neutral, suele ser generalmente ensalzada con notas de ajo. La costumbre francesa de tomar esta carne  ha derivado en que los ingleses los llaman de forma poco cariñosa Frogs oFroggys como reducción de Frog eaters.
p1080321Yo las he tomado siempre en restaurantes, pero las vi en Higinio Gómez Órtiz. Higinio las trae para algunos de los mejores restaurantes de Madrid y no pude resistir a llevarme unas pocas. Es la primera vez que las voy a cocinar, así que he investigado un poco a ver que receta me llamaba más la atención.

Indagando, para culturilla gastronómica decir que se consumen principalmente en Francia, Suiza, Canada, algunos estados de Estados unidos – con historia francesa- y algunos paises asiaticos, pero las diferencias de consumo son enormes, así Francia y Suiza importan cada año 4000 y 850 toneladas frente a Alemania que importa solo 11. El caso es que son un producto de alta gama que solo se puede tomar fresco durante 2 meses y medio o 3 al año a un partir de finales de abril, primeros de mayo. Es caro porque sale a 50 euros el kilo aunque lo cierto es que con 250 gr te haces unas tapas para 4 personas.  El resto del año se puede encontrar, por lo que me contó Higinio, congelado, traido de asia a un precio considerablemente menor , alrededor de los 14-15€ kilo.
Vamos a las preparaciones: para empezar hay quien las deja en leche dos horas para dejarlas más melosas.
Normalmente se sirven ,bien secadas con papel,  enharinadas y fritas.
Se venden ensartadas en un palo muy curioso y hacer de ellas piruletas es muy fácil.
Al final he elegido dos recetas: una de una persona tristemente fallecida que era un *** Michelin llamada Bernard Loiseau. Y otra una aproximación que hacia Sergi Arola de piruletas con un pure de coliflor. El pure de coliflor combina bien: se cortan las flores de la coliflor y se meten en agua hirviendo con una punta de bicarbonato y sal. Al cabo de 6 minutos se saca del agua y se mete en agua fría para parar la cocción. Se introduce en un bol con un hilo de aceite hasta transformarlo en un pure con la batidora. Si se corta es porque hay demasiado aceite y hay que poner un poco de agua. Combina muy bien con las ancas.
p1080350La de Bernard Loiseau se hace con un pure de ajos: se blanquean 5 o 6 veces con agua fría helada y salada a razón de 12 gr de sal por litro, dejandolas 6 o 7 minutos cada vez,  y se desgerminan y se hacen puré. Por otra parte se hace una mantequilla de perejil, con mantequilla ( 100 gr en pomada), con perejil ( 50 gr lavado y secado), sal y pimienta.Las piruletas de anca de rana se secan bien y se rebozan en harina de maiz de maizena. Se frien a 170º.
Lo vamos a tomar delante de un arroz de pichones, ajetes y alcachofas.
Este arroz ha quedado bestial, he aplicado una técnica de los hermanos Roca para preparar las pechugas al vacío y ha quedado muy muy bien. Que buenos los hermanos Roca, que ganas tengo de ir el 11 de julio.
Bueno los que tengan interes en este producto especial saben que pueden encontrarlo en Hermanos Gómez, en la Galería Comercial Magallanes a la que se entra por Bravo Murillo 33, donde Higinio y su hermano os atenderan muy bien.

MAS RECETAS
Ancas de rana
   
4 personas Alto (40'-60')  Medio  Media
Las ancas de rana son muy típicas de Castilla - León, especialmente en León donde hay un lugar "La Bañeza", donde aparte de su alubiada (fiesta anual de las alubias) son típicas y famosas sus ancas de rana. Yo voy a dar una receta diferente muy fácil y quizás la mejor para los que quieren intentarlo por primera vez, aunque al final, en consejos pondré también la receta de las ancas de rana de La Bañeza.


Ingredientes para Ancas de rana:

12 ancas de rana
1 limón
2 huevos
harina para rebozar
aceite para freír
SALSA PARA LAS ANCAS DE RANA 6 cucharadas de aceite 1 cebolla 1 diente de ajo 1 cucharada sopera de harina 1 vaso de vino blanco seco 1 taza de caldo de carne 1 palo de canela perejil sal pimienta


Ancas de rana rebozadas y fritas en salsa



Sobre la receta Ancas de rana:

Cómo hacer Ancas de rana paso a paso:

Preparar las ancas de rana la noche anterior (ver consejos). También las venden ya limpias y envueltas. Si se compran así, ya no necesitan preparación.
Sazonamos las ancas con sal y pimienta. Rociarlas con limón y las pasamos por harina y huevo batido
Las freímos en aceite calientehasta que se doren. las reservamos.
Colamos seis cucharadas del aceite sobrante y las agregamos a una sartén. Freímos un diente de ajo y la cebolla, previamente picados ambos.
Antes de que tomen color el ajo y la cebolla, agregamos también la harina y la tostamos hasta que observemos que adquiere un color dorado (cuidado que no se queme ni la harina, ni el ajo ni la cebolla).
Regamos con el vino blanco la mezcla anterior de nuestra sartén, moviendo continuamente hasta que se vaya formando una salsa. Finalmente agregamos el caldo, el perejil picado y el palo de canela. Cocemos la salsa unos minutos.
Echamos las ancas de rana rebozadas y fritas y damos una ligera cocción adicional a las ancas y la salsa.
Servirlas calientes y espolvoreadas de perejil picado.


Consejos y trucos para cocinar Ancas de rana:

Receta de Ancas de Rana de la Bañeza: se preparan las ancas, cortándoles un poco los cuerpos y dejando sólo las ancas. Se ponen len remojo con agua y sal, durante toda la noche anterior. Al día siguiente en una cazuela con aceite se rehoga cebolla y pimiento rojo. Una vez rehogado se pasa por la batidora. se echa un poco de agua con harina, ajo y perejil un poco de UNTO (una manteca de cerdo tirando a rancia) Sobre esta salsa se le agrega un poco de pimentón rojo para darle color y se incorporan las ancas, se dejan unos 15 minutos y listas para comer.


Ancas de rana a la leonesa
 
Ancas de rana a la leonesa

  Ingredientes

- 1/2 CUCHARADITA HARINA
- 2 DIENTE AJO
- 1/4 UD. CEBOLLA
- 1/2 UD. PIMIENTO VERDE
- 1/2 CUCHARA SOPERA PIMENTÓN
- 1 CUCHARADITA TOMATE FRITO
- 12 UD. ANCAS DE RANA
 Elaboración

PREPARACIÓN

Cubrir escasamente de aceite una cazuela e barro; añadir 1/4 de cebolla muy picada y dejar que se ablande. Añadir una cucharadita de tomate frito; dejar hervir un rato. Añadir 1/2 cucharada de pimentón e inmediatamente un machacado de dos ajos, guindilla, perejil y sal y el mortero lleno de agua. Dejar hervir. Añadir 1/2 pimiento verde y las ancas. Cuando las ancas comienzan a estirarse, añadir 1/2 cucharadita de harina. Dejar hervir un momento moviéndo la cazuela continuamente.


A ver si te sirve esto, lo fui recopilando de aqui y de all?. 

Cocinar ancas de rana 

Un manjar fino y delicado que por su procedencia un tanto ex?tica y no habitual en nuestra dieta es poco consumido, aunque pueden resultar un delicioso entrante. 
Las ancas de rana con su carne delicada y pequeño tamaño son muy apropiadas para figurar como entrantes en cualquier comida que queramos hacer un poco vistosa. 
Las ancas son la única parte comestible de las ranas. 
Generalmente en el mercado nos las encontramos congeladas, aunque podemos encontrarlas frescas en pescaderías especializadas. 
Ya sean frescas o congeladas se comercializan peladas y limpias. 
La carne que queda es tierna y el tiempo de cocción que necesitan es muy pequeño. 
Se suele realzar su sabor suave añadi?ndoles un elemento de sabor pronunciado y bien definido como el ajo o el limón. 

Cocinar ancas de rana 

Las dos formas más habituales de preparar las ancas de rana son al horno o en fritura. En cualquier caso, media hora antes de introducirlas al horno o de rebozarlas y freírlas, se suelen marinar con un poco de zumo de limón y aceite, y posteriormente se cocinan. 

Ancas al horno: 

Picamos perejil, ajo y mezclamos con pan rallado. Con esta mezcla embadurnamos las ancas de rana previamente marinadas. 
Colocamos las ancas empanadas en una fuente de horno y horneamos hasta que se gratine la parte superior de las ancas. 

Ancas fritas: 

Una vez sacadas las ancas del marinado las pasamos por harina y posteriormente por huevo batido y las fre?mos ligeramente en una sartén con aceite caliente. 
Cuando las ancas están doradas las sacamos de la sartén y las espolvoreamos con un poco de perejil picado. 
Lo habitual es preparar 4 pares de ancas por persona, es un entrante fácil de preparar y además no necesita cubiertos para su consumo ya que este plato es más sabroso comido con los dedos (depende del protocolo de la mesa). 

Ingredientes:

Para 4 personas 
20 ancas de rana 
6 dientes de Ajo 
1 pimiento morrón 
2 Pimientos verdes 
2 cebolletas 
2 puerros 
1 Tomate 
1 Limón 
aceite virgen extra Hojiblanca 
sal 
Guindilla picante 
perejil 

Preparación:

Coloca las verduras (pimientos, cebolletas, puerros y tomate) sobre una placa de horno. Sálalas y riégalas con un poco de aceite. Introduce en el horno a 180ºC durante 30 minutos. 

Pela los pimientos y córtalos en tiras. Pela el tomate y córtalo en 4 gajos. Retira la primera capa de los puerros y de las cebolletas. Coloca todo en una fuente, sazona y riega con un buen chorro de aceite. 

Pela y corta los ajos por la mitad. Ponlos a dorar en una sartén con aceite. Agrega unas rodajas de guindilla picante y rehoga brevemente. Antes de que se tuesten, retíralos a un plato y resérvalos. 

Salpimienta las ancas y fríelas en una sartén con aceite. Sirve las ancas en una fuente, riega con Zumo de limón y decora con los ajos, los trozos de guindilla y una rama de perejil. Acompaña con las verduras asadas. Si queréis sorprender a vuestros invitados, las ancas de rana con su carne delicada y pequeño tamaño son muy apropiadas para servir como entrante. Aunque no son muy fáciles de encontrar, sabed que se comercializan peladas y limpias. Todo lo que buscas para tu cocina aquí   


Bebida: Blanco 

INGREDIENTES DE LAS ANCAS DE RANAS FRITAS MARINADAS EN CERVEZA
16 pares de ancas 1/2 litro de cerveza
2 tazas de harina Unas hojas de albaca
Un poco de tomillo Polvo de ajo
Pimentón dulce Orégano, sal y pimienta
Polvo de cebolla 3 cucharadas de mantequilla
3 cucharadas de aceite de oliva 1/2 limón el zumo
Un poco de perejil picado



ELABORACIÓN DE LAS ANCAS DE RANA FRITAS MARINADAS EN CERVEZA
Poner en remojo durante dos horas las ancas de rana en la cerveza, mientras las ancas están en remojo mezclar con la harina todas las hierbas y las especies, luego sacar las ranas de la cerveza y secar con cuidado espolvorear las ancas en la harina y sazonar en una sartén con la mantequilla y el aceite. 

Freír las ancas poco a poco y dorarlas por ambos lados, mantenerlas caliente, luego rociarlas con el limón y el perejil están deliciosas.

Ancas de rana   

Las primeras veces que me decidí a intentar hacer ancas de rana las cociné a la provenzal, o al menos yo lo llamaba así, pero la receta fue evolucionando por si misma a esta que os comento a continuación, que es la que hacemos en casa de vez en cuando, espero que os guste.

Para los que os mostráis reacios a este tipo de viandas, comentaros que los anglosajones son opuestos a comer pulpo y que las gambas bien podrían ser consideradas gusanos de mar con patas por algunos, así que el consejo viene a ser el de siempre... ¡no me seáis escrupulosos y probadlas antes de hablar!  :)

Ingredientes (para 4 personas)
500 gr de ancas de rana congeladas
4 dientes de ajo
4 tomates maduros
Perejil fresco picado
Un chorro de salsa Sriracha, o en su defecto tabasco
Harina de trigo
Aceite de oliva virgen
Una cucharada de mantequilla
Sal y pimienta negra
 

Preparación
Una vez descongeladas las ancas de rana, las condimentamos con sal y pimienta negra molida y las pasamos por harina para posteriormente ir friéndolas en una sartén con aceite de oliva muy caliente. Es conveniente ir haciéndolas en pocas cantidades, para que no se peguen entre ellas y dejarlas doraditas.

Una vez fritas las ancas, se reservan y en el mismo aceite, dejando poca cantidad del mismo, doramos los ajos cortados en láminas, añadimos un chorro de salsa sriracha para darle el punto picante, los tomates pelados y picados fino o triturados y dejamos que hierva un rato moviéndolo para que no se pegue.

Finalmente añadimos la mantequilla y el perejil picado y mezclamos bien la salsa.

 

Acabado y presentación
Se puede servir con la salsa en una salsera o vertida por encima de las ancas, y como no, acompañadas de un buen vino blanco, yo no entiendo de vinos, pero me recomendaron uno que he probado y me ha encantado, ha sido un riesling alemán: Keller Riesling RR Trocken 2007.



Ancas de Rana a la Mostaza   
   En la olla, vierta el caldo y el vino. Lleve a fuego fuerte hasta que entre en ebullición, entonces, incorpore las ancas de rana y deje cocer 1 min. 

   Luego, retírelas del caldo, escúrralas y séquelas con papel absorbente. Después, a fuego medio/alto, derrita la manteca en la sartén, añada las ancas y fríalas hasta que estén doradas de ambos lados, rotándolas para que se hagan parejo. 

   Luego, retire las ancas y en la misma manteca fría los ajos, a fuego medio/alto, hasta que estén ligeramente dorados. Después, vierta el vinagre y dejar reducir durante 2 min., a fuego alto. Entonces, añada la mostaza, mezclando bien, retire y sirva, espolvoreadas con perejil. 

sábado, 14 de mayo de 2011

ROBO A MANO ARMADA - HOTEL REAL DE LA ALHAMBRA

Un mal servicio y una falta total de profesionalidad puede estropear cualquier celebracion, y lo que es aun peor, ir presumiendo de profesionalidad, esto es una parte de lo que anuncian.



Bodas & Celebraciones

La Cadena Macià Hoteles le ofrece el lugar idóneo para llevar a cabo su celebración.
Nuestra experiencia en la organización de todo tipo de eventos, unido a nuestra riqueza gastronómica, hacen posible que su satisfacción y la de sus invitados esté garantizada.
Organizamos todo tipo de eventos:
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  • - Comuniones
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  • - Otros
En el caso de las ceremonias de enlace, ofrecemos  a los novios:
· Un lugar muy especial  (por ejemplo Salones del Castillo de La Albaida)
· Decoración floral en todas las mesas del banquete
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· Posibilidad de elección de la música  - en vivo o con DJ
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· Elaboración de las listas de comensales y protocolo de mesas
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Por nuestra amplia variedad de salones, de diferentes dimensiones, características y capacidades,  nuestro gran elenco de menús, instalaciones, decoración, jardines con carpas para celebraciones al aire libre, y facilidades de parking; seremos su mejor elección.
El servicio que le prestamos es personal, y se lleva a cabo teniendo en cuenta todos los detalles.
Ud. podrá si lo desea hacer una degustación gratuita del menú elegido; encargarnos la  minutas personalizadas para su celebración.
Como obsequio de su confianza, la Cadena Macià les quiere regalar su noche de bodas en nuestro hotel , con todo tipo de detalles.

Pocas veces he visto un grupo de camareros menos profesionales y faltos de estilo en todo lo que hacian, nada mas llegar me encuentro con un camarero en la barra sirviendo las cocacolas con una botella de dos litros, y ademas sin gas, todo ello acompañado de vino calentorro o helado el concepto de temperatura optima no existe, ademas faltos de personal no se les ocurre otra cosa que traer a una camarera de piso que parecia un pato mareado desempeñando una labor de  apoyo, lo que no es su culpa ya que sus funciones son otras, no contento con esto parecia que no les hubieran pagado en meses por la cara que traian, a esto le acompaño un pase  infinitamente finito de aperitivos precocinados, asi que ya solo podia mejorar pensaba yo en mi infinita ignorancia, haste que pusieron ante mi una masa picada de lechuga romana y shurimi, salteada de sucedaneo de caviar que habian embutido en moldes redondos con una triste y pobre loncha de salmon, encima de una lamina de mango extremadamente seca, para terminar de romperme los esquemas me ponen un sorbete de lima con albahaca que solo gusto a la gente que los sabores citricos les son agradables, a mi me gusto pero deberia haber ido despues de la tarta para refrescar y quitarle pesadez a esta de la misma forma que habriria paso a las copas, ya desesperado y muerto de hambre me ponen pato confitado, por supuesto de lata y cubierto de vinagre balsamico y pedro ximenez, la tarta estaba bien, se notaba que era de un catering de tartas, asi que me pido un cafe ante lo que losveo llegar con una bandeja y dos termos, sirven el cafe en la bandeja y luego me lo ponen en la mesa, ni siquiera me atrevi a pedir una copa ya que venian ya servidas de otra sala y no se veian las botellas, el precio 60 euros adultos y 50 niños, el menu infantil solo se puede clasificar de esta forma, CONGELADO, CONGELADO, CONGELADO.

coctail de bienvenida

jamon serrano con almendras fritas(masa de maquina)
queso manchego semi(semi calidad)
caña de lomo iberica(ni la probe)
surtido de tartaletas canapes y tramezzinos(filadelfia, pate y poco mas)
cazuelita de salmorejo con huevo de codorniz(no tenia mala pinta)
chupito de gazpacho verde con jamon(exito cero)
delicias de rape7cazon en adobo(congelado)
gambas orly/datiles con bacon(congelado)
brochetitas de solomillo(mentira)
croquetas del chef(chef findus-congelado)

y lo demas ya lo habeis leido, por supuesto ni habia un jefe de rango, ni sector y el metre solo aparecio para arrastrar torpemente un improvisado geridon en el que habian puesto una tarta de gominolas para los niños, porsupuesto de una tienda de chuches.

martes, 3 de mayo de 2011

Anthony Bourdain: Confesiones de un chef

impresionante libro que hara las delicias de todos los amantes de la cocina, el entresijo del mundo de la cocina desde el infierno de los locales de batalla, pasando por la inutilidad y el ostracismo que se ha estancado en las escuelas de cocina hasta los supuestos templos del sabor, este gran hombre que paso el infierno de la droga hasta llegar a ser uno de esos reconocidos con estrella michelin







 

 

 

 

 

Anthony Bourdain: Confesiones de un chef

Original de Espacio Gastronómico

¿Es verdad todo lo que se cuenta sobre las cocinas de los restaurantes? No, es peor. O al menos eso dice Anthony Bourdain. Aburrido de comandar la cocina de la selecta Brasserie Les Halles en Park Avenue, este chef ex heroinómano decidió colgar el gorro un rato y sentarse a contar las peores miserias de su oficio. A continuación, Radar reproduce lo mejor de lo mejor de Confesiones de un Chef: Aventuras en el Trasfondo de la Cocina, donde Bourdain se relame con las venganzas que caen sobre los clientes vegetarianos, el uso recurrente de pescado podrido, la amenaza latente que encierran los mariscos, los parásitos de un metro de largo que anidan en las heladeras, y el despotismo y la escatología reinante detrás de esa inocente puerta vaivén.

Por ANTHONY BOURDAIN

¿Quién cocina tu menú? ¿Qué bichos extraños hay más allá de las puertas de la cocina? Al Chef lo ves: es ese tipo sin gorro y con su nombre bordado en azul toscano sobre la almidonada chaqueta blanca, abotonada al estilo Mao, y una tablilla de asignación de tareas bajo el brazo. Pero, ¿quién cocina en realidad los distintos platos? ¿Son graduados de escuelas de cocina, jóvenes y ambiciosos, que invierten tiempo en las trincheras culinarias hasta que llegue el momento de apuntar más alto? No precisamente, si el chef se parece a mí.

Una cadena culinaria bien organizada es algo muy bonito de ver. Un equipo que trabaja en colaboración a alta velocidad y que, en sus mejores momentos, parece un aceitado ballet de danza moderna. Cada cocinero de la cadena exigido a tope es un tipo que trabaja con orden y pulcritud, economiza movimientos, domina la técnica y, lo más importante, es veloz. El oficio requiere carácter y entereza: un buen integrante de la cadena culinaria nunca llega tarde ni falta por enfermedad, y trabaja pasando por alto dolores y agravios. Lo que la mayoría de la gente no advierte es que la cocina profesional no se trata de la mejor receta, la presentación más original, la combinación más creativa de ingredientes, aromas y texturas. Todo eso está presumiblemente arreglado mucho antes de que el comensal se siente a la mesa.

La cadena culinaria –la verdadera preparación de los platos que comes– tiene más que ver con la constancia. Es decir, la repetición espontánea e invariable de la misma serie de tareas infinita cantidad de veces. La capacidad para trabajar en equipo es un mandato ineludible en la cadena culinaria. Si eres hombre de sartén, el parrillero será tu pareja de baile. Lo más probable es que te pases la mayor parte del tiempo trabajando con él, en un espacio parecido a un submarino: muy caluroso, incómodo, sin ventanas. Los dos estarán trabajando entre líquidos en ebullición, con cantidad de objetos contundentes a mano. Lo más prudente será que se lleven bien: no conviene tener a dos cocineros armados hasta los dientes, tirándose puñetazos porque se sienten agraviados, cuando hay calderos de agua hirviendo y cuchillos afilados como hojas de afeitar por todos lados.

De modo que ¿quiénes son exactamente esos tipos y esas chicas que están en las trincheras? Por lo que voy a contar de mi nada estelar carrera, podrías sacar la conclusión de que todos los cocineros de una cadena son locos perdidos, degenerados, drogadictos, maníacos, matones, borrachos, rateros, psicópatas y putas. Y no estarías muy lejos de la verdad. El oficio –según explica el respetado chef de tres tenedores Scott Bryan– atrae a sujetos que han pasado por alguna experiencia atroz en la vida. Es posible que no hayan hecho la secundaria, es posible que huyan de algo: un amor, una historia familiar sórdida, penurias sin esperanza del Tercer Mundo. Se sienten a gusto con el código de conducta informal y relajado de la cocina, donde suele ser alto el nivel de tolerancia a la excentricidad, los hábitos personales poco ortodoxos, la falta de documentación y la experiencia carcelaria. En la mayoría de las cocinas, la vocación cuenta poco o nada. ¿Puedes mantenerte en pie? ¿Estás listo para trabajar? ¿Puedo contar con que mañana aparezcas en el trabajo para no hacerme quedar mal?

Eso es lo único que importa.

X-MEN

Se puede dividir a los miembros de una cadena culinaria en cuatro grupos. Primero están Los Artistas: esa irritante minoría con alto nivel de vida. Un grupo que incluye a especialistas como los reposteros (o neurólogos de cocina), los troceadores de carne (encargados psicópatas de cámaras frigoríficas) y los salseros (cuyas creaciones son tan etéreas y perfectas que se les toleran sus delirios de grandeza). Están Los Exiliados: gente que no puede desempeñar otro oficio (por ejemplo, uno de esos trabajos de 9 a 6), ni ponerse una corbata, ni mezclarse con la sociedad civilizada (ni con sus compañeros). Están Los Refugiados: por lo general inmigrantes y emigrados para quienes la cocina es preferible a los escuadrones de la muerte, la miseria o el trabajo en una fábrica clandestina por dos dólares a la semana. Y, por último, están Los Mercenarios: gente que trabaja por dinero y trabaja bien, a pesar de no sentir demasiado cariño por la cocina ni tener grandes inclinaciones culinarias. Me gusta creer que la cocina es artesanía y que un buen cocinero es un artesano, no un artista.

No tiene nada de malo: las grandes catedrales europeas fueron construidas por artesanos, no por sus diseñadores. Practicar tu oficio como un experto es una tarea noble, digna y gratificante. Por eso, cuando contrato a alguien, casi siempre elijo mercenarios curtidos, orgullosos de su profesionalismo, en lugar de artistas. Cuando oigo esa palabra sólo pienso en alguien a quien no le parece necesario llegar al trabajo con puntualidad.

Convencido de su genio, la mayor parte del tiempo está más preocupado por que se le pare antes que por satisfacer a los comensales. Personalmente, prefiero comer platos sabrosos –que sean reflejo de los ingredientes que los componen–, a cualquier montaje caprichoso de un metro de alto, construido con limoncillos, adornos de hierbas, trozos de coco y un curry rojo. Puedes quedarte bizco tratando de comer esas cosas. Cuando alguien que me pide trabajo empieza a hablarme de cómo lo inspira la cocina del Pacífico, veo venir lo peor. Que me manden a un lavaplatos mexicano. A él puedo enseñarle a cocinar. Y a tener estilo. Preséntate en hora a trabajar seis meses seguidos y después hablemos de limoncillos y curry rojo. Hasta entonces sólo tengo tres palabras para decirte: ¡Cierra el pico!

LA VERDAD SOBRE EL PLATO DEL DIA

Hace poco vi un cartel a la entrada de uno de esos híbridos chino-japoneses que empiezan a reproducrise como hongos en todas las ciudades. Anunciaba “Sushi a buen precio”. No puedo imaginar mejor ejemplo de “Cosas De Las Que No Conviene Fiarse” que una ganga de sushi en un restaurante.

Sin embargo, el local estaba lleno. Me pregunté si estaría igual de lleno en caso de que el cartel hubiera dicho “Sushi de hace varios días”. La buena comida –y el buen comer– está por encima de todo riesgo. Una ostra por minuto te dañaría el estómago. ¿Eso quiere decir que debes dejar de comer ostras? De ninguna manera. Es cierto que, cuanto más exótica sea la comida, cuanto más valiente sea el comensal, más posibilidades hay de futuras molestias.

No por eso me voy a negar el placer de comer morcillas, sashimi o ropavieja en un tugurio cubano, sólo porque algunas veces me haya sentido mal después de haber comido esos platos. Pero hay algunos principios generales que me parecen razonables. Cosas que he visto a lo largo de los años han quedado grabadas en mi memoria y han alterado mis hábitos alimentarios: estoy más que dispuesto a probar una langosta a la parrilla en una de esas destartaladas parrillas al aire libre del Caribe, donde la refrigeración es nula y veo con mis propios ojos cómo zumban las moscas alrededor del asador. Pero, por el contrario, si estoy en mi país, donde por razones del oficio como a diario en restaurantes, me he fijado algunos sís y nos terminantes que, por propia decisión, rigen mi vida.

Entras una aletargada noche de lunes en un bonito sitio de dos tenedores y ves que está marchando un delicioso plato del día: atún de las islas del Pacífico, hinojo guisado, tomate triturado y salsa de azafrán. ¿Por qué no pedirlo? Las palabras que deben saltarte a la vista cuando recorres un menú son lunes y plato del día.

La cosa funciona así: el chef de ese bonito restaurante encarga el pescado los martes, para que se lo entreguen el viernes por la mañana (y encarga una buena cantidad puesto que, hasta la mañana del lunes siguiente, no habrá reparto). Sí, ya sé, algunos proveedores reparten los sábados... Pero el mercado está cerrado los viernes por la noche (o sea que el pescado es el mismo que el del martes). El chef espera deshacerse del grueso de ese pescado –tu atún– el sábado por la noche, cuando supone que la concurrencia será más numerosa. También supone que, si sobra un poco para el domingo, se deshará del resto sirviéndolo en ensalada de mariscos o como plato del día.

¿El lunes? Es la noche en que se liquida todo lo que haya sobrado, si es posible sacándole dinero. ¿Te parece muy mal? El tipo podría tirar las sobras del atún; a fin de cuentas, puede reabastecerse el mismo lunes, ¿no? Seguro que puede. Pero, ¿qué impide que su proveedor no piense exactamente lo mismo? ¡El tipo también está vaciando su refrigerador! Tú dirás que el mercado está abierto los lunes por la mañana, se puede conseguir pescado fresco.

Déjame decirte algo: he estado en varios mercados de pescado a las tres de la mañana de un lunes, y te aseguro que no es un sitio que inspire mucha confianza. Hay muchas posibilidades de que el atún que estás pensando pedir el lunes por la noche haya estando dando vueltas –ya cortado– entre los ingredientes que es necesario tener a mano en la puesta a punto de la cadena durante cuatro días, mientras las puertas de los refrigeradores se abren y cierran cada pocos segundos, a medida que los cocineros van metiendo la mano y tanteando a ciegas en busca de lo que necesitan. Ésa es la razón de que en mis restaurantes no aparezcan productos perecederos en los platos del día del domingo o el lunes por la noche: no aguantan.

El chef lo sabe. Calcula la casi segura posibilidad de tener todavía por ahí algún pescado los lunes por la mañana. Y le gustaría sacarle dinero, aun a riesgo de enfermar a los clientes. Si todavía huele bien el lunes por la noche, bueno, tú vas a comértelo. El pez espada me gusta muchísimo. Pero, oh: cuando mi proveedor de pescado sale a comer afuera, nunca lo pide. Ha visto pulular por ahí demasiados parásitos de un metro de largo.

Cuando ves unos cuantos bicharracos de ésos, no vuelves a probar el pez espada en mucho tiempo. ¿Lubina chilena? Está de moda; es cara. Para mí fue toda una sorpresa verla en el mercado no hace mucho. Pero es evidente que casi todas llegan congeladas, duras como piedra, todavía con todas sus espinas. Como ya dije, el mercado de pescado no es muy tentador que digamos. El pescado está ahí, sin hielo, en unos cajones casi desarmados, al aire libre y bajo el sol del verano. El que no se vende temprano, se vende más barato más tarde. Cuando se van los encargados de compras de los grandes restaurantes, los compradores chinos y coreanos, que han estado haciendo tiempo en los bares de los alrededores, caen como aves de rapiña y compran lo que queda a precio de saldo. Piénsalo cuando leas por ahí: “Sushi a buen precio”.

LA AMENAZA MARISCA

Los mariscos son asunto peliagudo. Yo no como mariscos en restaurantes, a menos que conozca personalmente al chef o haya visto con mis propios ojos cómo los guardan hasta el momento de servirlos. Me encantan los mejillones.

Pero, por experiencia, sé que casi todos los cocineros no son precisamente escrupulosos a la hora de utilizarlos. La mayor parte de las veces los dejan regodearse en su maloliente meada, al fondo de la heladera.

Estoy seguro de que algunos restaurantes tienen contenedores con cubos perforados, que permiten el drenaje mientras los mejillones están en reserva. Y es posible –sólo digo posible– que los cocineros de esos restaurantes los saquen con cuidado uno por uno, cada vez que reciben una orden, y se aseguren de que están vivos antes de echarlos a la cazuela. No he trabajado en muchos sitios donde se tomen ese tipo de precauciones.

Los mejillones son demasiado fáciles de preparar. Tardan dos minutos en cocerse, pocos segundos en ir a parar a un cuenco y ¡listo! Otro cliente servido, mientras ellos pueden concentrarse en filetear esa condenada pechuga de pato. En una estupenda brasserie de París tuve la desgracia de que me tocara un mejillón en mal estado. El muy cretino estaba escondido entre un montón de ejemplares impecables, pero me mandó al baño casi en cuatro patas, sujetándome la barriga con las manos. Cagué como una rata y vomité como si lanzara un misil. Esa noche recé (y,como ya te habrás imaginado, soy un ateo perdido). Afortunadamente, los franceses ofrecen buenos servicios sanitarios y tienen una política muy abierta a la hora de pedir asistencia médica a domicilio. Pero no pienso repetir la experiencia. ¿Mejillones? A lo sumo escogeré los que tengan buena pinta entre los que tú hayas pedido.

PAN Y PANICO

Sí, como pan en los restaurantes aunque sepa que probablemente lo hayan reciclado de alguna otra mesa. La reutilización del pan es una práctica muy extendida dentro del oficio. Hace poco vi un reportaje con cámara oculta, donde el locutor se mostraba escandalizado al ver que el pan sin consumirse volvía a la cocina y, de inmediato, era llevado de regreso al comedor. Pendejadas. Estoy seguro de que en algunos restaurantes les enseñan a los ayudantes de cocina bengalíes a tirar todo el pan sin usar –que suele ser el 50 por ciento–, pero cuando, en pleno caos, el mozo tiene que sacudir las migas de la mesa, vaciar ceniceros, llenar los vasos con agua, hacer expressos, meter a toda velocidad los platos sucios en la lavadora y ve una cesta llena de pan impecable, la mayoría de las veces vuelve a ponerlo sobre la mesa.

Es la triste realidad. No me preocupa a mí ni tiene por qué sorprenderte a ti. Está bien, es posible que algún imbécil tuberculoso haya tosido una manada de bacilos sobre la cesta del pan. O que algún turista recién llegado de una gira por los pantanos de Africa occidental haya soltado un estornudo. Semejantes posibilidades pueden ponerte un poco nervioso. Pero en tal caso también tendrás que privarte de subirte al metro. Come pan, hazme caso.

BIEN HECHO

La frase “Resérvalos para los bien hechos” es una conocida tradición culinaria que se remonta a tiempos inmemoriales. La carne y el pescado cuestan dinero; cada plato de comida debe venderse tres y hasta cuatro veces más caro de lo que cuesta para que el chef pueda ganar el porcentaje que le corresponde. ¿Qué ocurre entonces cuando el chef encuentra una pieza de carne correosa, bastante parecida a una suela de zapato, que ha ido empujando repetidas veces al fondo del refrigerador? Lo puede tirar, claro. Puede llevarse esa carne para alimentar a su familia (que es lo mismo que tirarla). O puede reservarla para los bifes “bien hechos”. Y servírsela a algún idiota que prefiere comer su trozo de carne o pescado tan bien hecho que no se note que ese aspecto de suela de zapato ya lo tenía antes de lucir carbonizada. En general, cualquier chef que se respete detesta a esa clase de cliente porque lo obliga a arruinar un plato respetable. ¿Por qué no darle sobras, entonces?

VERDES Y CRUDOS

Los vegetarianos a ultranza son motivo de permanente irritación para cualquier chef. La vida sin chuletas de ternera, grasa de cerdo, choricitos demi-glacé o queso apestoso no merece ser vivida. Pero estos cabezas duras creen que el cuerpo es un templo que no debe ser contaminado por proteínas animales. Insisten en que sus hábitos son más sanos (aunque, siempre que he trabajado con algún camarero vegetariano, lohe visto derrumbarse al menor asomo de catarro). Oh, ya les daré yo verduras.

Si me piden un plato vegetariano, rebuscaré por ahí y les cobraré catorce dólares por unas cuantas láminas de berenjenas y calabacines a la plancha. Y déjame que te cuente una historia: hace unos años, en un antro de damas y caballeros del tipo desinhibido, tuvimos la mala suerte de contratar a un joven vegetariano muy sensible que, además de llevar una vida sexual agitada, tenía algo de abogado de pobres. Despedido al poco tiempo por incompetente, se le dio por demandar al restaurante. Alegó que su problema gastrointestinal –provocado por amebas– era consecuencia de las tareas que había desempeñado en el antro en cuestión.

La dirección del restaurante se tomó el asunto muy en serio: contrató los servicios de un epidemiólogo que analizó la materia fecal de todos los empleados. La conclusión del especialista, a la que tuve acceso, fue más que esclarecedora: la cepa de amebas del camarero era muy común en personas que llevaban “cierto” estilo de vida. Lo interesante fueron los resultados del análisis de nuestros subalternos mexicanos y sudamericanos: los tipos estaban llenos de bichos por dentro, pero ninguno de esos bichos les provocaba enfermedad o molestias. Es cierto que las amebas se transmiten con mayor facilidad cuando te la pasas manipulando verduras crudas, sobre todo las de hojas verdes. Piénsalo la próxima vez que decidas intercambiar profundos besos de lengua con un vegetariano. (Y no voy a hablar de sangre: sólo diré que en las cocinas nos cortamos con mucha frecuencia, y dejémoslo ahí, por favor.)

ANIMALADAS

Hay quien dice que el cerdo es un animal apestoso; así explica el placer del que se priva al negarse a comerlo. Quizá esta persona debería visitar un criadero de pollos. Las aves disponibles en el mercado (no hablo de las variedades kosher o de granja orgánica) están plagadas de salmonella. Los pollos son sucios: se comen su propia mierda, están amontonados unos sobre otros, como nosotros en las horas pico del metro. Cuando se los manipula en la cocina de un restaurante, es más que probable que infecten otros alimentos o se contaminen entre ellos. El pollo es, además, aburrido.

Los chefs lo consideran un plato para esa gente que no sabe qué quiere comer y no se le ocurre nada mejor después de leer toda la carta.

¿Langostinos? Todo bien si parecen frescos, huelen fresco y el restaurante está muy concurrido (cosa que garantiza la renovación permanente de stock). Pero si entro en un restaurante vacío y veo al dueño con cara de suicida y los ojos clavados en la ventana... Este principio es aplicable a cualquier plato exótico y aventurero. Si es un restaurante conocido por sus carnes, ¿cuánto tiempo crees que llevan esperando en el refrigerador esas contadas raciones de calamares, langostinos y pescado, a la espera de que alguien exactamente como tú las pida? La clave está, siempre, en la rotación. Si ves cómo los platos de bouillabaisse salen volando por las puertas de la cocina, es probable que la elección sea acertada. Pero en un menú variado y extenso de un restaurante con poco movimiento, los platos menos populares –sea caballa a la plancha o hígado de ternera– siguen deteriorándose en el rincón más oscuro de la alacena porque lucen bien en la carta. Mira siempre la cara del camarero que te atiende: él conoce toda la verdad escondida tras esas puertas. Motivo más que pertinente a la hora de mostrarte muy cortés con él: el camarero puede salvarte la vida levantando una ceja o dejando escapar un suspiro (en caso de que el chef le haya ordenado bajo pena de muerte que recomiende ese bacalao antes de que empiece a apestar en serio). Observa su lenguaje corporal. Toma nota.

CONSIGNAS PARA COMER AFUERA

Fácil: de martes a sábado. Sitios concurridos. Movimiento. Rotación. Martes y jueves suelen ser los mejores días para pedir pescado (en Nueva York y casi en cualquier otra gran ciudad). Las provisiones que entran los martes son frescas, los preparados-base están recién hechos, el chef viene descansado y de buen humor luego de la relativa serenidad del domingo y el lunes. Es el verdadero comienzo de la semana, cuando tienes toda la buena voluntad de tu parte.

Los viernes y los sábados las provisiones también son frescas, pero hay mucho ajetreo, de modo que ni el chef ni los cocineros pueden prestarle a tu pedido la atención que ellos –y tú– quieren. Tanto cocineros como camareros miran a los comensales de fin de semana con recelo, casi con desprecio. Son los que tienen la mandíbula caída de aburrimiento, los bobos, los que llegan desde los suburbios, los que piden la carne bien hecha, los que apenas dejan propina, los que nunca vuelven. El martes por la noche el chef quiere estar contento. Los sábados, por el contrario, sólo piensa en cerrar, poner las mesas patas arriba y perderse en una noche de feliz autodestrucción.

LA CUENTA, POR FAVOR

¿Te asustan todas estas horripilantes afirmaciones? ¿Te vas a frotar las manos con toallas antisépticas cada vez que pases frente a un restaurante? De ninguna manera, por favor. Como dije antes, tu cuerpo no es un templo: es un parque de diversiones. Disfruta cada salida, considérala una aventura. Si estás dispuesto a correr riesgos por una salchicha en un puesto callejero o por una porción de pizza que sabes que lleva horas esperándote en el mostrador, ¿por qué no probar suerte con algo que merezca la pena? Todos los grandes avances de la cocina clásica se deben a esos héroes: los primeros en comer mollejas, en morder un queso sin pasteurizar, en descubrir que los caracoles saben verdaderamente bien (con bastante manteca de ajo). Eran hombres temerarios, innovadores (y desesperados, es cierto). No sé a quién se le pudo haber ocurrido que si haces engullir a un ganso alimentos ricos durante el tiempo suficiente hasta que se le hinche el hígado y pese más que el cuerpo, consigues algo tan delicioso como el foie gras (creo que fue a uno de esos romanos chiflados pero, en cualquier caso, se lo agradezco mucho).

Tragar pescado crudo, sobre todo cuando no existía nada parecido a la refrigeración, parecía una locura (y, sin embargo, ha resultado ser una buenísima y exitosísima idea). Dicen que Rasputín acostumbraba tomar todos los días un poco de arsénico en el desayuno, para inmunizarse de a poco y estar listo cuando quisieran envenenarlo de verdad (a juzgar por lo que se cuenta de su muerte, el arsénico de sus enemigos no afectó en absoluto al Monje Loco: para rematar la faena, dicen, fueron necesarias varias palizas, un par de balazos y una larga caída desde un puente a un río helado). Tal vez nosotros, comensales dignos, debamos seguir su ejemplo. Después de todo somos ciudadanos del mundo. De un mundo rebosante de bacterias, inocuas y no tanto. ¿Queremos viajar en papamóviles herméticamente sellados a través de las zonas rurales de Francia, México y el Lejano Oriente, comiendo sólo en Hard Rock Cafés y McDonalds? (He ahí un capítulo aparte, que encararé en mi próximo libro.) ¿O estamos dispuestos a arremeter sin temor contra los guisos locales, el humilde regalo sinceramente ofrecido de una cabeza de pescado apenas dorada? Yo sé lo que quiero: probarlo todo por lo menos una vez. Te concederé el beneficio de la duda, Señor Dueño del Puesto de Tamales, Sushi-san, Monsieur Boeuf Cruo. ¿Qué es esa cosa desplumada, colgada del techo, que va tomando olor a lo largo del largo día? Dame un poquito.

De Confesiones de un Chef: Aventuras en el Trasfondo de la Cocina, de Anthony Bourdain. Se reproduce aquí por gentileza de RBA Libros Barcelona. Adaptación de Rodrigo Fresán.